Una asignatura del cuatrimestre pasado me hizo reflexionar profundamente sobre la escuela que tenemos hoy en día, y descubrí la existencia, hasta entonces invisible para mí, de un mundo oculto en el que las cosas adquieren un doble sentido permitiéndome ver que las intenciones de la escuela y lo que en ella se da, no siempre son lo que aparentan ser.
La escuela debería ser un lugar en el que educar significase enseñar una serie de conocimientos, valores y sentimientos, en un ámbito afectuoso, desde el respeto, que sirvan a las personas para realizarse a sí mismas, para poder ser personas libres e independientes, y poder valerse por sí mismas el día de mañana. Se deben satisfacer las necesidades de cada uno de los integrantes de la escuela, y trabajar desde un ambiente de amor y no desde el miedo.El gran filósofo Aristóteles una vez dijo que "educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto."
Estoy convencida que la escuela, al contrario de lo que muchos piensan, no está adaptada a las necesidades de nuestra sociedad y mucho menos al de nuestros alumnos. La escuela es, hoy en día, una institución cuya fecha de caducidad expiró hace mucho tiempo. Sin embargo, este hecho está bien meditado y a beneficio de algunos, pues llegué a la conclusión de que la escuela, ha sido, es, y será hacer política. De ahí, el título de mi blog, puesto que me pregunto si el verdadero propósito de la escuela es la educación o la obediencia.
La obediencia, la obediencia, no lo dudes, siempre lo fue. Pero ése es el objetivo de la escuela, no el de la educación. Por eso nuestro trabajo mira hacia esa meta imprecisa que es cambiar la escuela para que sea educativa.
ResponderEliminarEnhorabuena, Ana, muy buen trabajo el tuyo.